La limpieza facial es un protocolo de cuidado profundo que busca remover impurezas, exceso de grasa y acumulaciones superficiales, además de realizar extracciones cuando están indicadas. Los pasos se adaptan al estado de la piel y al nivel de sensibilidad de cada persona.
No todas las pieles necesitan la misma intensidad de exfoliación, extracción o activos. Por eso revisamos primero si predomina congestión, oleosidad, sensibilidad o deshidratación para ajustar la experiencia y evitar intervenciones innecesarias.